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¿ENSEÑAR O EDUCAR?

EL PAPEL DE LOS PADRES

ALUMNOS ENVALENTONADOS

OTRA REFORMA EDUCATIVA

ESPAÑA ENCABEZA EL FRACASO ESCOLAR EUROPEO

EL DESDÉN DE LOS ALUMNOS


 

 

 

 

¿ENSEÑAR O EDUCAR? Extracto de un artículo de M. Ramírez . El Periódico, 14/03/2006

Parece que una nueva normativa sobre todo el sistema educativo puede ser realidad en fechas no muy lejanas (...). Se cae, ante todo, en la dichosa precipitación que conlleva dos defectos: no se concede un cierto tiempo, un pequeño "respiro" necesario para comprobar la bondad o maldad de lo bien poco intentado y (...) se vuelve, una vez más, a la nefasta ausencia de una amplia y documentada consulta previa con los sectores afectados. Ni el "exponer" ante rectores, ni el veredicto de los sindicatos me parecen vías suficientes. Y, fundamentalmente y es a lo que vamos en estos párrafos, se confunde, también una vez más, dos menesteres que me parecen harto diferentes: enseñar y educar.

ENSEÑAR es transmitir, con mejor o peor fortuna, una serie de conocimientos, más o menos avalados por el paso de los años y necesitados, muy de vez en cuando, de cierta puesta al día. Saberes de esto o aquello que permiten tanto su cansina repetición año tras año, cuanto su escasa lucrativa versión en el "manualito de turno". El fruto de la enseñanza tarda más o menos tiempo en desaparecer, según la bondad del que expone y el interés de quien recibe lo que se va exponiendo. Se trata de "superar la asignatura" y engrosar el currículo, menesteres sin ninguna duda insoslayables en el especializado mundo en que vivimos. (...). Con resignación, sin contraste y dando velocidad al "supremo arte de tomar unos buenos apuntes". Y poco más. La papeleta o el tablón de anuncios tienen la última palabra. La enseñanza de la asignatura ha cumplido su papel. Y más tarde la brillante oposición a lo que sea (aunque nada tenga que ver con lo enseñado) o la desilusión de los años en el paro.

EDUCAR, por el contrario, es algo bien distinto. Se puede hacer se enseñe lo que se enseñe, porque educar supera siempre al mero enseñar. Educar es formar en ideas y creencias. Es transmitir valores. Es estimular el espíritu crítico del oyente, sin caer nunca en el adoctrinamiento. Es enseñar lo que corresponde, en derechos y obligaciones, por el mero hecho de vivir en convivencia. En suma, intentar promocionar los valores de la ciudadanía: respeto a la autoridad, consideración hacia los mayores, estímulo del pudor, lealtad y no engaño al Estado, preocupación por los demás, etc, etc. Con la educación lo que se crea es una cultura cívica indispensable para cualquier clase de régimen político. Porque será luego cuando el régimen que sea (del democrático al totalitario) intentará socializar en otro tipo de valores acordes con su ideología. Pero luego. Sin la cultura cívica previa el segundo paso está llamado al fracaso.  

La función de educar es menester no exclusivo de la escuela, ni de ningún plan ministerial al uso. En esta gran labor se comienza en la familia y puede tener otras mil agencias. Pero algo o mucho corresponde al contexto de las aulas. En ellas predominarán la palabra y el buen maestro. Un buen bachillerato pleno de buenos maestros-educadores es algo que queda para siempre. Y me temo que, entre nosotros, en nuestro país, lo que esté ocurriendo es que el mundo de la informática y los grandes avances de la tecnología, se esté superponiendo y hasta sustituyendo (¡adiós a las enciclopedias, a la memoria y a la lectura!) a los valores de la educación que acabo de citar. Craso error para hoy y para el mañana. La conciencia del esfuerzo personal habrá sucumbido ante la comodidad de la máquina y el menester del pensar se habrá convertido en el mero repetir lo que se oye o lo que se ve.


EL PAPEL DE LOS PADRES Consideraciones de Jordi Pujol. La Vanguardia, 10 mar 2006

"El gobierno de las escuelas debe ser de los maestros". Así de contundente se mostró ayer Jordi Pujol en una rueda de prensa en la que presentó un nuevo proyecto para mejorar la educación en Catalunya. El ex presidente de la Generalitat pidió una sistema educativo en el que los maestros "vuelvan a mandar" y en el que los padres se dediquen a "intervenir en casa". Recordó que, a veces, "hay padres que quieren mandar en la escuela, pero que después permiten que sus hijos estén despiertos en casa hasta muy tarde". Esto se debe, según Pujol, a los cambios que ha experimentado la sociedad catalana en la que se ha "fomentado la transgresión" y ha surgido "una permisividad extrema" con los alumnos. "Hemos de resucitar el saber decir que ´no´", señaló el ex político.

 Para Pujol, la buena educación pasa por una serie de puntos. El primero sería la recuperación de la "moral del esfuerzo" que, según el ex presidente de la Generalitat, ha dejado de existir. "Las evaluaciones no se valoran suficiente y ahora un estudiante puede pasar cursos con cuatro materias suspendidas". El segundo sería el papel de los directores escolares que, según Pujol, "se ha visto rebajado" y debería cambiar: "Si hay problemas graves entre los alumnos, un director tendría que cumplir con sus responsabilidades e intervenir". Y el tercero seria la figura del "buen maestro" que junto con "el esfuerzo esencial de los padres en el hogar" ha de formar a los estudiantes. Sea como sea, Pujol pidió la aplicación de un sistema educativo similar al de los países más avanzados. "Nos pasamos el día hablando de Finlandia, pero no seguimos las medidas que ellos usan", ironizó.

 En la misma línea, el ex president, que intentó evitar en todo momento los comentarios de cariz político, solicitó una ley educativa de consenso que no se modifique cada vez que entra un nuevo gobierno en el poder y que evite conflictos. "Discusiones como la de la asignatura de religión sólo sirven para tapar otros problemas y convierten la educación en un enfrentamiento entre políticos", lamentó.

 Las declaraciones del ex presidente de la Generalitat se enmarcan dentro de la presentación del proyecto Edu21 que ha sido concebido por el Centre d´Estudis Jordi Pujol para mejorar el sistema educativo del país. Esta organización pretende "hacer un análisis profundo de la situación actual y elaborar propuestas concretas que mejoren la educación de Catalunya". Según Jordi Riera, pedagogo y consultor principal de Edu21, el proyecto surge con la vocación de "escuchar a todos los profesores y agentes sociales implicados en la educación" para ofrecer un discurso "conjunto y reflexivo" que proponga ideas "para quien las necesite". Un proyecto que, según Pujol, debe servir para solucionar los problemas de la educación catalana que, "al contrario de lo que predican, no es de mala calidad".


ALUMNOS ENVALENTONADOS. Javier Marías. El País semanal 16 de octubre de 2005

Si yo no puedo escribir un libro en Madrid con el estrépito de las obras municipales a mi alrededor, es de suponer que los profesores no puedan impartir sus enseñanzas -ni la mayoría de los alumnos recibirlas- en medio de un alboroto constante o, aún es más, rodeados de boicoteadores que campan a sus anchas.

Boicoteadores de las clases los ha habido siempre en los colegios, pero las Leyes de Educación no se ponían de su parte ni les daban la razón, como sucede desde la LOGSE en adelante, en el mayor desatino imaginable. Hasta hace no demasiado tiempo, un profesor no podía expulsar del aula a un boicoteador, ni a un chulo, ni a un acosador" ni a quien insultaba al propio profesor. Estos lo tenían prohibido, los estudiantes lo sabían y desafiaban sin cesar la autoridad de aquellos, atados de pies y manos. Una amiga mía, que durante diez años trató de dar clases en un Instituto de Getafe, ante la imposibilidad de cumplir con su obligación y de poner freno a los envalentonados boicoteadores, acabó expulsándose a sí misma, y anunciando al. conjunto de los alumnos que no regresaría hasta qué una mayoría acordara que se deseaba continuar con las lecciones e impusiera su voluntad a los alborotadores.

La situación es al parecer tan desesperante y demencial que yo aún no me explico cómo quedan personas dispuestas a enseñar. A los políticos se les llena la boca con palabras bonitas sobre la importancia y dignidad de los docentes. Pero sus Leyes hacen todo lo posible por privarlos de esa dignidad, mermarles su autoridad real y moral, y, lo que es peor, por obstaculizarles su tarea de educar. Esto último lo llevan a cabo cada vez menos padres (pero de esto hablaré otro día, quizá), y a los enseñantes no se les deja. La carta de los dos mil termina pidiendo a la Ministra que su partido reconozca su ya prolongadísimo error y que lo rectifique antes de que sea demasiado tarde. Pero como el PSOE es en algunas cuestiones el más ñoño y ridículo de los partidos (bueno, en reñida competición con IU), es de temer que no se enmiende y que debamos resignamos a carecer de ciudadanos civilizados y semieducados durante unas cuantas generaciones.


OTRA REFORMA EDUCATIVA (Extracto). Guillermo Fatás. Heraldo de Aragon, 13/11/2005

(...) Lo más preocupante, empero, es que las leyes básicas sobre Educación nazcan sin pacto previo, como el Consejo de Estado lamentaba en julio, en su informe preceptivo: el PSOE recibe el mismo reproche que achacó al PP hace sólo tres años y que incluso puede leerse en el preámbulo de la LOE que ahora se prepara. No hay modo: tanta reforma general seguida prueba que el asunto crucial de la educación es, para todos los partidos, susceptible de "cambios trascendentales" a cada paso. Una mala práctica política que tiene hartos a los docentes y desconcertados a los ciudadanos,

Este proyecto de LOE presenta inconvenientes graves, en par-te heredados, como la 'excesiva fragmentación del sistema entre Comunidades Autónomas (no- sólo en cuanto a programas, sino en cuanto a recursos); y sigue siendo muy teórica la exigencia . de esfuerzo individual -un rasgo formativo que trasciende del aula-, sin encarnación bastante en el texto legal, pues con tres materias suspendidas se puede pasar curso.

Las pancartas de los estudiantes de izquierda, el martes, eran de negación general: ni LO E, ni LOU, ni Religión, ni Selectividad, ni Bolonia (la homologación europea de las Universidades), interpretado todo como privaciones de libertad y derechos. Las reclamaciones de las organizaciones confesionales -apoyadas por el PP y CIU- hacen igual: no hay libertad religiosa, ni de ideario, ni de elección de centro (aunque en los barrios marginales y en el medio rural es la enseñanza pública la que, evidentemente, soporta la carga, porque no hay oferta privada). De ser así, la libertad sería el gran déficit del sistema español, cuando lo que le falla es la calidad (muy vinculada a los recursos insuficientes) y el muy baqueteado ánimo de los docentes, que para todo tienen.

La discusión por las libertades nunca es ociosa, pero deja en penumbra aspectos decisivos, y en mal estado, del sistema educativo, lleno de descompensaciones y con un nivel muy deficiente de rendimiento académico. ¿Qué sucede con tantos chicos que llegan al tope de edad sin aprobar? ¿debe autorizarse la falta a clase por decisión de los alumnos?

Un gran remedio es, siempre, cuidar al profesor que, motivado y con medios, puede con (casi) todo; apurando las cosas, tan importante o más que lo que se enseña es quién lo enseña. Y la otra gran receta es el pacto político previo sobre las grandes líneas de la ley. Que, de nuevo, vuelve a faltar en el proyecto.


ESPAÑA ENCABEZA EL FRACASO ESCOLAR EUROPEO. Extraído de La Razón –noviembre 2005

 La Comisión de la Unión Europea pasa revista a cinco criterios para determinar en qué estado se encuentra cada país y para intentar mejorar la situación de cara al año 2010.

   a) Abandono escolar prematuro por parte de los estudiantes. En España ha aumentado en los últimos cuatro años hasta convertirse en el tercero más elevado de la Unión Europea, sólo por detrás de dos de los 25 países miembros: Portugal y Malta. Pero con una diferencia: estas dos naciones han mejorado sus índices de abandono, mientras que en nuestro país han empeorado. En concreto, en el año 2000 el abandono escolar en España fue del 28,8 por ciento. En 2003, en vez de reducirse, aumentó hasta el 30,8 por ciento y el año pasado volvió a incrementarse ligeramente hasta llegar a un 31,1 por ciento. España dobla así la tasa media de abandono escolar de la UE, que se situó en el 15,7 por ciento en el año 2004. Nuestro país, además, queda muy lejos del dato de otros Estados miembros, como Francia o los países del este de Europa que ingresaron en la Unión hace poco más de un año. De este modo, España sólo está mejor que la recién incorporada Malta (que tuvo una tasa de abandono escolar prematuro del 45 por ciento el año pasado) y de nuestro país vecino (con un 39,4 por ciento). El objetivo principal de la Unión Europea es el de reducir la media el abandono escolar prematuro por debajo del 10 por ciento antes del año 2010. Países como Dinamarca, República Checa, Austria, Polonia, Finlandia o Suecia ya pueden presumir de haber alcanzado este umbral.

  b) Dificultad en la lectura. En el año 2000, de acuerdo con el informe PISA, el porcentaje de alumnos con dificultades para comprender lo que leen era del 16,3 por ciento, mientras que en 2003, de acuerdo con el último informe, ya había alcanzado el 21,1 por ciento. Dicho con otras palabras, uno de cada cinco adolescentes españoles de 15 años tiene serias dificultades para comprender lo que leen. Este porcentaje es superior al de la media de los 25 países de la Unión Europea, que fue en 2003 del 19,8 por ciento. Algunas otras naciones, como Alemania, Grecia, Luxemburgo, Portugal, Italia y Eslovaquia se sitúan en este apartado en peor situación que España

  c) Alumnos que no terminan el bachillerato Nuestro  país también ha empeorado de modo significativo en los últimos años en lo que se refiere al número de jóvenes que concluyeron la enseñanza secundaria superior (el bachillerato). Frente al 66,2 por ciento de jóvenes españoles que en el pasado año 2000 habían completado esos estudios se ha pasado a un 62,7 por ciento en 2003 y al 61,8 por ciento el año pasado.    De nuevo, el dato deja a los estudiantes españoles muy por debajo de la media europea, que se situó en 2004 del 76,7 por ciento. Y, también de nuevo, sólo Malta y Portugal se encuentran en peor situación que España en este capítulo. Destacan de manera muy positiva algunos países del Este recién incorporados a la Unión Europea, como la República Checa, Eslovaquia o Polonia, en los que en torno al 90 por ciento de los jóvenes culmina la enseñanza secundaria.

 d) Participación de la población en programas de formación de los adultos. España se encontraba en el año 2004, el último del que se dispone de cifras, prácticamente en la misma situación que cuatro años antes. O lo que es lo mismo, sólo un 5,1 por ciento de los ciudadanos de entre 25 y 64 años participó el año pasado en actividades de formación (cursos universitarios o independientes, de idiomas o de formación laboral), frente a un 5 por ciento en el año 2000. Hace ahora dos años, ese porcentaje había subido hasta el 5,8 por ciento pero en 2004 volvió a caer, lo que confirma la tendencia a mantener unas cifras pobres. La media europea se situó en 2004 en el 9.9 por ciento. En este aspecto las naciones que más destacan son Dinamarca, Lituania, Reino Unido y los países nórdicos.

 e) Diplomados superiores. España ha mejorado en los últimos años de manera considerable en cuanto a número de estos titulados superiores en disciplinas de Ciencia, Tecnologías y en Matemáticas. Ha pasado de contar con 65.000 diplomados en estas materias en el año 2000 a tener unos 84.000 en 2003, un dato que ya sitúa a España en torno a la media europea y, acaso, el único positivo del informe que presentó ayer la Comisión Europea. Además de España, los países que más han mejorado en este aspecto fueron Polonia, Italia y Eslovaquia. En términos porcentuales respecto a su población, los países que cuentan con más diplomados en esas materias son Reino Unido, Francia, Irlanda y Lituania.


EL DESDÉN DE LOS ALUMNOS VICENTE VERDÚ. El País 18 de noviembre de 2005
 
La clave de la educación no depende del acuerdo entre partidos ni del superpoder de un partido. Los partidos son cada vez más excéntricos respecto a la sociedad juvenil y a la transformación que representa su clase de cultura, a la que consideran, como consecuencia, excéntrica, necesitada de una fuerte corrección. Diagnostican el fracaso de los muchachos como efecto de la falta de autoridad, la pérdida de la virtud del esfuerzo, la inasistencia a las aulas y los frecuentes cambios en la ley. No se preguntan, en cambio, por qué los alumnos se esfuerzan tan poco, por qué no respetan a los profesores o por qué no atienden, en general, durante las clases. ¿No será que los contenidos y las formas de la enseñanza se encuentran en una crisis sustantiva y extensiva, tan radical como universal?

Ni en Francia, ni en Italia o Gran Bretaña, Alemania o Estados Unidos se sienten a salvo de esta pandemia educacional. En Francia se multiplican las comisiones parlamentarias destinadas a revisar el sistema y, en Estados Unidos, se acaban de introducir videojuegos como instrumentos para la enseñanza, ya que prácticamente la totalidad de los alumnos aprende casi todo lo que sabe fuera de las clases y, preferentemente, de este modo. No se instruyen siquiera, mayoritariamente, como ocurría hasta hace poco, a través de la televisión sino de las nuevas pantallas interactivas.

La televisión fue central en la blanda y pasiva Generación X pero el videojuego o Internet pertenecen a la actual Generación Y, entre los 12 y los 18 años. Los de la Generación X pudieron ser estudiantes abúlicos y desganados, desesperanzados respecto al porvenir, pero los de la generación Y son hiperactivos, insurgentes e incendiarios, según se presentan las cosas. ¿Ingobernables? No desde luego gobernables por estos señoras y señores ministros o ex ministros incapaces de entenderlos y de despertar su admiración.

Toda ley que el Parlamento apruebe en sus salones, ajena a la revolución cultural, será reprobada enseguida en las clases. Porque ¿si el productor de la ley ignora la condición de este nuevo sujeto, cómo puede esperar que el discente se convierta en un satisfecho consumidor? Si los políticos y los claustros desdeñan la clase de cultura que respetan los jóvenes ¿cómo no pronosticar que serán correspondidos con igual desdén?

La falta de autoridad del profesor no será nunca remediada por una acción del PSOE o del PP: cuanto más partido político se ponga a la vista más empeora el paisaje. Los partidos políticos ocupan los lugares más bajos en la estimación de la juventud, incluso por debajo de la familia o de la policía. Una buena educación nunca saldrá de sus facciones. Media docena de leyes en nuestra reciente democracia pueden parecer muchas pero, en el siglo XXI, la educación deberá variar continuadamente y no a golpes de ruidosas leyes. Mucho menos, desde luego, a través de ejercicios de mezquina estrategia política, tan relativamente atentos a la calidad objetiva del servicio como obscenamente enfrascados en el  autoservicio.